Y CADA VEZ CON MÁS ILUSIÓN.
Si hace dos años, cuando presentamos esta página web, titulaba este texto introductorio con un declamatorio “Cuán largo me lo fiáis”, llega el momento de expresar la situación actual. Sí, es cierto, cada vez con una ilusión más crecida por todos los que hacemos posible este evento. Vemos que se van cumpliendo todos los objetivos propuestos, por lo que volvemos a renovar nuestras metas sin querer ser más ambiciosos que tener la sensación de hacer las cosas lo mejor que podamos. Poco a poco se siguen forjando promociones de historiadores en el marco de este encuentro científico que sirve para debatir y poner sobre la mesa las diferentes tareas investigadoras salidas desde los diversos campos del saber que tienen al Medievo como su objeto de estudio. Seguimos andando lento pero sin pausa con el fin de ir progresando en formar un simposio que sea referente para quienes, por edad, pueden participar y para quienes no lo pueden hacer. O ya lo han hecho. Ya he dicho en más de una ocasión que no es la organización la más indicada para decir si lo estamos logrando o no, pero lo que sí es nuestro compromiso es el de que el simposio sea un punto de encuentro ineludible, propiedad de todo el Medievalismo.
Tiempo ha pasado desde aquella primera edición de 2002, y se me apura, desde aquel momento en que convoqué el simposio antes del verano del año anterior. Hemos aprendido mucho, tanto yo como director como los distintos colaboradores que he tenido (los diversos secretarios, y Consuelo Pinilla y Santos Campoy), y el anhelo de ir mejorando en las respuestas, comunicaciones, desarrollo previo en la fase de selección, etc. no ha decaído lo más mínimo. En estos momentos me pronuncio de manera personal cuando me refiero a esas comunicaciones directas con los diferentes investigadores que participan; pienso que ese trato tan personalizado es parte fundamental del simposio, posiblemente uno de los pilares que lo sostienen y lo definen. Y se hace por convencimiento. La recepción de los seleccionados lo pretende demostrar, y las atenciones, ya como compañeros y amigos, posteriores al evento se hacen desde el más profundo sentir de que el joven investigador es el futuro del medievalismo.
Las nuevas tecnologías es cierto que han ayudado a que el contacto esté siendo más continuo, y la publicación de las actas resulta un momento muy adecuado para volver a saber de todos. Repito también en estas líneas lo que ya redacté con motivo de la inauguración de esta web, y era que daba la oportunidad de prolongar sin fin el simposio a través del universo cibernético, y no quedar en los días de celebración bianual.
Vuelvo a repetir que el simposio ya es del Medievalismo, y no sólo español, pues al otro lado del Atlántico tenemos ecos de interés por el evento (al margen de los que ya han participado y seleccionado). En efecto, en todas las ocasiones hemos dado cabida a trabajos e investigadores/as de lo más diverso y con las más distintas aspiraciones científicas, por lo que el simposio es suyo en el recuerdo y en el currículo; y no solo de los seleccionados por los distintos comités, sino también de quienes con sus estudios se quedaron a las puertas de la selección, porque ellos y ellas también han terminado configurando la imagen del encuentro. No nos engañamos; si hay proceso de selección, necesariamente debe haber estudios que se quedan en el camino, y eso es lo que pondera esta actividad.
A los que no han podido venir nunca debemos pues, reconocer su comprensión y, como no puede ser de otra manera, animarlos/as para que no renuncien a progresar en la difícil tarea de la investigación.
A quienes lograron su aceptación, qué decirles que no sepan ya: forman parte inherente del simposio aunque a algunos sus caminos vitales les hayan llevado lejos del ámbito universitario y de la investigación. Muchos se han conocido en Lorca y han consolidado una amistad que complementa cualquier tipo de colaboración científica; para otros ha sido un nuevo punto de reencuentro, incluso para quienes han “repetido” por méritos propios. Y para todos, el foro donde en la mayor parte de los casos han tomado conciencia de que no están solos en el proceloso mundo de la investigación y de que en realidad no pertenecen a ninguna tribu urbana (bueno, un poco sí). En el mismo momento en que se sentían protagonistas, uno de los principales objetivos se había cumplido.
La internacionalización del simposio vino dada por la propia dinámica de los participantes en la segunda edición, con el aporte de diversos trabajos que encontraron el eco en el comité científico (que sólo llegaron a saber de su extranjería una vez resuelta la convocatoria), y que han tenido continuidad en la cuarta y última edición de 2008. En esta ocasión no hay ningún miembro del comité de selección ajeno a nuestras fronteras nacionales, por el mero hecho de que se trata de oportunidades y coyunturas particulares las que terminan decidiendo la composición final del comité. La experiencia con María Eugenia Cadeddu (CNR Roma) fue fantástica, y aportó nuevas perspectivas a la hora de la selección. Pero hay que decir que ninguno de los miembros de esta quinta ocasión desmerece lo más mínimo el hecho de ser de Universidades españolas; antes al contrario, todos (en realidad lo correcto sería hablar de todas ellas, pues la excepción masculina es Manuel Ruzafa) superarían ampliamente cualquier comparación con colegas del exterior. Comparativas además absurdas por otra parte. La aceptación de cada una de ellas y de él nos hace deudores con su generosidad y predisposición para un trabajo que es bastante complejo, desde el mismo momento en que les cabe seleccionar a quince estudios anónimos, los mejores para sus distintas perspectivas. Sólo me queda expresarles gratitud, gratitud y gratitud, a ellos como al resto de profesionales que han desarrollado esa misma labor desde el año 2001.
Miembros del comité, participantes, colaboradores, organización y globalidad del medievalismo componemos el cuerpo general de este simposio, sin excepción. Insisto, es de todos, situado el evento siempre al amparo de la Sociedad Española de Estudios Medievales. Y por supuesto, no debemos ni podemos dejar de lado a quienes, desde sus diferentes responsabilidades al frente de las distintas instituciones y entidades, colaboran en que el simposio sea un hecho. Los aportes de la Real Academia Alfonso X el Sabio, con su nuevo director al frente, D. Francisco Calvo García-Tornel, la colaboración económica de la Fundación Cajamurcia, el apremio y soporte de Lorcatur, S.A. ( Lorca, taller del tiempo ), la colaboración institucional directa de la Universidad de Murcia, y el apoyo incalculable de Jorge Maíz desde Medievalismo.org (y de la gestión de esta página web) suponen los arbotantes del simposio. A todos gracias por su interés en nuestra idea.
No queremos dejar pasar esta ocasión para seguir un año tras otro agradeciendo los apoyos y colaboraciones puntuales (y en ocasiones no tanto) de las diferentes personas que han permitido que los simposios hayan ido mejorando, haciéndolo más humano y más acogedor. Desde aquella primera edición donde Inmaculada Tudela hizo lo posible y lo imposible desde Lorca, taller del tiempo para canalizar el encuentro, hasta que nuestra entrañable Consuelo Pinilla recogió el testigo en la segunda edición y ha sido quien realmente ha configurado el simposio en su parte logística tal y como se desarrolla hoy día, incluidas las novedades que tenemos previstas ya para la edición de 2010. Los distintos impresores de las actas, la colaboración de María José García desde el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia y el apoyo de su director José Antonio Gómez, la prestancia del Director del Museo Arqueológico Municipal de Lorca, Andrés Martínez Rodríguez a todo aquello en lo que se le solicitó su ayuda, y en general, a todos aquellos que pusieron su pequeño o grande granito para la consecución del evento, nuestro reconocimiento más grato.
Punto y aparte son las tareas realizadas por los actuales secretarios del simposio, ya que a ellos se debe buena parte de la incorporación del encuentro a la red y las nuevas técnicas de difusión para toda la comunidad científica. Tanto para los que son en esta ocasión como para los que han sido, y que se colocan casi como un club de “Amigos del Simposio”, con un recuerdo especial a Leonardo Soler.
Y qué duda cabe, que si alguien y algo tiene la culpa de esto es el Excmo. Ayuntamiento de Lorca, que soporta en la Concejalía de Cultura y Festejos, en el Consejo Municipal de Cultura, toda la organización económica del simposio desde el mismo origen de la idea, cuando entonces era Concejalía de Educación, Cultura y Festejos. Si el apoyo del entonces alcalde Miguel Navarro Molina fue instantáneo en 2001, no ha sido menor el interés ofrecido y puesto por el actual edil, Francisco Jódar, así como el de todos los grupos políticos municipales. Y por último, y dentro del ámbito municipal, el reconocimiento más grato y debido tanto a Rosa María Medina como concejal que siempre ha estado receptiva a todo lo que ha supuesto el simposio, recogiendo así la labor que ya inició Caridad Marín Fernández. En este simposio no existen partidos políticos, sino personas convencidas de su labor de responsabilidad política, lo que los engrandece como lorquinos sabedores de la proyección que este evento tiene sobre la ciudad que les ha tocado gobernar. Juan José García, director del Consejo Municipal de Cultura, ya ha dado muestras evidentes de que su incorporación a este grupo de personas ha sido completa, y sin su apoyo el simposio tendría dificultades evidentes. Y mi recuerdo especial a quien desde el primer año ha estado a mi lado (junto a Consuelo Pinilla) para que “todo salga bien”, Santos Campoy García: mi agradecimiento personal más sentido y profundo.
En el segundo simposio, ya anunciábamos que un futuro Instituto de Estudios Medievales articularía el encuentro. Ahora, con la creación del Centro de Estudios Medievales de la Universidad de Murcia aún reciente, y establecido asimismo en la ciudad de Lorca, podemos decir que progresamos en nuestras metas. No nos rendimos, y como decía al comienzo, con más ilusión que nunca.
Sirva toda esta prosa para hacer del simposio una actividad parte de todos y donde todos tenemos cabida.
Juan Fco. Jiménez Alcázar
Director del Simposio
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