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Bienvenidos a la web del Simposio Internacional de Jóvenes Medievalistas

 

 

Cuán largo me lo fiais.

Así podríamos resumir nuestras aspiraciones allá por el año 2001, cuando convocamos la primera edición de este simposio. El objetivo, que renueva en esta ocasión su vigencia, era la de forjar promociones de historiadores al amparo de un encuentro que sirviera para debatir los incipientes tareas investigadoras en el amplio espectro del Medievalismo; o de lo medieval. Pensábamos que andando lento pero sin pausa podríamos llegar a cumplir nuestra meta de convertirnos en un referente tanto para quienes, por edad, pueden participar como para quienes no pueden, por el mismo motivo. No compete a nosotros decirlo si es así o no, pero lo cierto es que nuestra voluntad de ánimo no ha decaído lo más mínimo desde aquellas jornadas de marzo de 2002. La aparición de las distintas actas han ido consolidando la actividad más allá del estricto encuentro científico, ayudado ahora con una página en el universo cibernético que, simplemente, agiliza el simposio y no lo concreta en los días de celebración bianual. El futuro irá condicionando lo que será está web en adelante, aunque en un primer momento cumple perfectamente con lo que fue el pasado y el presente de un simposio que ya es de todos.

En efecto, en todas las ocasiones hemos dado cabida a trabajos e investigadores/as de lo más diverso y con las más distintas aspiraciones científicas, por lo que el simposio es suyo en el recuerdo y en el currículo; y no solo de los seleccionados por los distintos comités, sino también de quienes con sus estudios se quedaron a las puertas de la selección, porque ellos y ellas también han terminado configurando la imagen del encuentro. No nos engañamos; si hay proceso de selección, necesariamente debe haber estudios que se quedan en el camino, y eso es lo que pondera esta actividad.

A los que no han podido venir nunca debemos pues, reconocer su comprensión y, como no puede ser de otra manera, animarlos/as para que no renuncien a progresar en la difícil tarea de la investigación.

A quienes lograron su aceptación, qué decirles que no sepan ya: forman parte inherente del simposio aunque a algunos sus caminos vitales les hayan llevado lejos del ámbito universitario y de la investigación. Muchos/as se han conocido en Lorca y han consolidado una amistad que complementa cualquier tipo de colaboración científica; para otros y otras ha sido un nuevo punto de reencuentro, incluso para quienes han “repetido” por méritos propios. Y para todos, el foro donde en la mayor parte de los casos han tomado conciencia de que no están solos en el complejo mundo de la investigación y de que en realidad no “son bichos raros” (nuestras familias dixit). En el mismo momento en que se sentían protagonistas, uno de los principales objetivos se había cumplido.

La internacionalización del simposio vino dada por la propia dinámica de los participantes en la segunda edición, con el aporte de diversos trabajos que encontraron el eco en el comité científico (que sólo llegaron a saber de su extranjería una vez resuelta la convocatoria). En la presente edición nos hemos decidido a incorporar al comité de selección una persona no española para dar respuesta conveniente a la nueva realidad.

En referencia a ese comité científico, a los integrantes de las tres ediciones pasadas, a los del presente y a los que vengan en un futuro a querer colaborar en el simposio, solo cabe decir desde la organización que nuestra gratitud es infinita. Las condiciones para todos ellos han sido ciertamente difíciles; seleccionar un determinado número de estudios, anónimos, sabiendo que te dejabas fuera trabajos muy buenos, ha sido para ellos/as todo un trauma. En algunos casos, su bondad en la colaboración ha sido más que loable por motivos personales. Recordamos de manera muy especial al profesor Miguel Rodríguez Llopis, quien realizó la selección en las condiciones más duras que podamos imaginar: le llegaron a leer en aquella primera edición de 2002 todos los trabajos, ya que su pérdida de visión era completa, y cuyo fallecimiento inesperado ha servido como compromiso moral futuro de que las cosas había que hacerlas bien y con voluntad de superación. La edición de las actas de ese encuentro sirvió como homenaje para su persona.

Al resto de los integrantes de los distintos comités, afortunadamente aún entre nosotros (y que así sea por muchos años), simplemente queremos reconocerles que sin ellos y su garantía de buen hacer, el simposio no pasaría de ser una pequeña actividad sin mayor pretensión.

Pero no es el caso; miembros del comité y participantes todos componen el cuerpo global de este simposio, donde los distintos secretarios y el director colaboramos en la medida de nuestras posibilidades a que el futuro del encuentro sea una realidad constante.

Y por supuesto, no debemos ni podemos dejar de lado a quienes, desde sus diferentes responsabilidades al frente de las distintas instituciones y entidades, colaboran en que el simposio sea un hecho. Los aportes bibliográficos de la Real Academia Alfonso X el Sabio, la colaboración económica de la Fundación Cajamurcia , el apremio y apoyo de Lorcatur, S.A. ( Lorca, taller del tiempo ), las bendiciones de la Sociedad Española de Estudios Medievales, testigo del envite hecho por el entonces alcalde de Lorca Miguel Navarro Molina en la Asamblea General que se celebró en la Ciudad del Sol en 2001 para la celebración de este simposio, la colaboración institucional directa de la Universidad de Murcia y la reciente de la Universidad de Alicante… A todos gracias por su interés en nuestra idea.

No queremos dejar pasar esta ocasión para seguir agradeciendo los apoyos y colaboraciones puntuales (y en ocasiones no tanto) de las diferentes personas que han permitido que los simposios hayan ido mejorando año a año, haciéndolo más humano y más acogedor. Desde aquella primera edición donde Inmaculada Tudela hizo lo posible y lo imposible desde Lorca, taller del tiempo para canalizar el encuentro, hasta que nuestra entrañable Consuelo Pinilla recogió el testigo en la segunda edición y ha sido quien realmente ha configurado el simposio en su parte logística tal y como se desarrolla hoy día (incluida su colaboradora Cinta). Los distintos impresores de las actas, la colaboración de María José García desde el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, la prestancia del Director del Museo Arqueológico Municipal de Lorca, Andrés Martínez Rodríguez a todo aquello en lo que se le solicitó su ayuda, y en general, a todos aquellos que pusieron su pequeño o grande granito para la consecución del evento, nuestro reconocimiento más grato.

Punto y aparte son las tareas realizadas por los actuales secretarios del simposio, ya que a ellos se debe buena parte de la incorporación del encuentro a la red y las nuevas técnicas de difusión para toda la comunidad científica.

Y qué duda cabe, que si alguien y algo tiene la culpa de esto es el Excmo. Ayuntamiento de Lorca, que soporta toda la organización económica del simposio desde el mismo origen de la idea. Si el respaldo del entonces alcalde Miguel Navarro fue instantáneo, no ha sido menor el interés ofrecido y puesto por el actual edil, Francisco Jódar, así como el de todos los grupos políticos municipales. Y por último, el reconocimiento más grato y debido tanto a Caridad Marín como concejal que siempre estuvo receptiva a todo lo que supuso el simposio desde aquel 2002, como a los actuales responsables municipales de Cultura, Educación y Universidad, Rosa Medina y José Joaquín Peñarrubia, que continúan apoyando la iniciativa con el mismo ahínco que su predecesora. Capítulo aparte es el agradecimiento que es obligado hacer a Santos Campoy, técnico de la Concejalía de Cultura, quien siempre estuvo desde los comienzos al cuidado de que la organización marchase por los buenos derroteros.

Sirva toda esta prosa para hacer del simposio una actividad parte de todos y donde todos tenemos cabida.

 

Juan Francisco Jiménez Alcázar (Director del Simposio)

 

 
 
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